jueves, 8 de enero de 2009

Vaya comienzo

Acaba de terminar un año que indicaba para la esperanza, y así parecía con la elección de Obama como Presidente del mundo sin que hubiéramos tenido la oportunidad de votarlo. Pero todo se ha torcido con la brutal agresión israelí al pueblo palestino. Lo cierto es que peor comienzo no puede tener un año que presenciar en esta época que se dice de paz y amor, con nuestras mesas ostentosamente repletas de comidas, el sufrimiento y muerte de un pueblo ante el terrorismo de estado que Israel viene practicando impunemente. Doce campanadas y doce uvas que se dicen de la suerte, al mismo tiempo que las bombas caen sin respetar si sus víctimas son niños, ancianos, sus viviendas, sus mezquitas o sus infraestructuras, esas que son necesarias para que en una ciudad sus habitantes vivan dignamente. Un millón y medio de personas atrapadas junto al muro de la vergüenza que los separa de Israel. Y ya no quedan alimentos, tampoco medicinas para atender tanto dolor y tanta sangre. Pero lo peor está por llegar. Los tanques israelíes aguardan en la frontera a que sea “eliminada” toda resistencia. Quizás amigo lector, cuando nos estés leyendo, ya hayan penetrado en la franja de Gazza. Mientras tanto, están sacando a todo extranjero del país, periodistas incluidos, bajo el pretexto de ponerlos a salvo. Y es que, cuando se practican crímenes contra la humanidad, los testigos son molestos. Desde estas modestas líneas no puedo hacer otra cosa que gritar que cese el bloqueo israelí que viola todas las leyes internacionales y humanitarias. No puedo hacer otra cosa que reclamar la inmediata paralización del ataque al pueblo palestino, el fin del asedio a la franja de Gazza y el acceso urgente de la ayuda humanitaria. Lo cierto es que el que debiera ser el siglo de los derechos humanos, no debería comenzar de esta manera.

También en este fin de año nos hemos encontrado con esa convocatoria en Madrid por parte de la jerarquía católica “a favor de la familia”. Convocatoria que no es entendida pues nadie ha atacado a la familia. Y es que la jerarquía de la iglesia cada vez representa menos a sus miembros, y se aleja cada vez de los problemas de los creyentes. Lo cierto es que en esa convocatoria, condimentadas con múltiples banderas españolas, se habló del divorcio, del aborto, homosexualidad, de otros tipos de familias… pero se dejó de lado los problemas de muchas familias que viven en pisos pequeños y no pueden tener el número de hijos que desean. Tampoco se habló de los problemas del paro ocasionados por la crisis, ni de los problemas de muchos jóvenes que no pueden formar su propia familia por lo caro que resulta hoy en día adquirir una vivienda. Y es que quiénes afirman “que la familia está en peligro”, no hacen lo que predican al renunciar a formar la suya propia, al contrario de lo que hacen otras comunidades también cristianas. La iglesia si quiere ser “libre”, no puede pretender estar ligada al estado, debe dejar “la mesa del patrón”, como nos dice el gran cantor Atahualpa Yupanqui, y ponerse al servicio de los pobres y excluidos.

No es de cristianos pretender que su idea de familia sea la única que se permita. No es de cristianos dar carta blanca con sus declaraciones a extremistas en contra de homosexuales. La iglesia siempre se mostró como el principal enemigo del progreso. Lo que hoy representa un importante avance como por ejemplo fue la vacunación, en el siglo XIX condenaba a millones de niños al realizar afirmaciones tales como “la viruela es un juicio de dios”, “quienquiera que recurre a la vacuna deja de ser hijo de dios” o “la vacuna es un desafío lanzado al cielo”. Y es que “la iglesia sufre con cualquier novedad” como afirmó el Papa Gregorio XVI en 1832. Sin embargo la vacunación es hoy un hecho normal admitido por todos y que salva muchas vidas. Pero los mismos problemas se dan con otros avances científicos actuales que posibilitan curar terribles enfermedades. Y es que no pueden seguir los estados los dictados de las iglesias y las religiones pues estarían condenando a sus ciudadanos a la falta de libertad y al medievalismo. Afortunadamente estamos en un estado constitucional, donde ya ningún gobernante entra y sale bajo palio de los templos.